Presentando… | De Inglaterra a Virginia | Alexandra Martin Fynn

¡Hola, muchachas! Hoy vengo con una sección nueva, abierta a cualquier autor o autora de romántica y/o erótica. Es un espacio en que podréis hablarme sobre vuestras novelas (más información »aquí«), igual que ha hecho la autora que os habla a continuación:

¡Hola! Soy Alexandra Martin Fynn. Te presento mi novela, De Inglaterra a Virginia, que resultó finalista en el VI Certamen de novela romántica organizado por editorial Vergara y el Rincón de la novela romántica. Fue publicada recientemente por Ediciones B y B de Books.

2’37 € INCLUIDO EN KINDLE UNLIMITED

 

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¡Te invito a montar tu caballo y acompañarme en este viaje!

Para comenzar, comparto contigo la sinopsis:

Anne McLeod, la hija de un barón inglés, ha cambiado sus vaporosos vestidos y hermosas joyas por una falda, botas y sombrero. Montada en su caballo recorre incansablemente los campos que ha heredado en la lejana Virginia. Un arma descansa sobre su cadera; la acechan peligros en esas tierras salvajes.
Motivada por una profunda decepción amorosa, y a pesar de la reticencia de su padre, la protagonista ha dejado Inglaterra y cruzado el Atlántico para emprender la mayor aventura de su vida: hacerse cargo del magnífico rancho Eaglethorne. La posesión de la propiedad trae enormes desafíos a su nueva dueña, incluyendo un oscuro misterio que rodea a su poco fiable administrador. En su nuevo hogar, Anne pondrá a prueba su temple al comprobar que la finca ha sido desatendida durante años, y que las personas que allí trabajan sufren toda clase de penurias.
En su viaje, Anne conoce al hombre más guapo que ha visto en toda su vida; Harrison Bradley, un criador de caballos de apariencia rústica, muy diferente a los hombres con los que ha tratado hasta entonces. Pese a los desencuentros que se producen entre ambos, por provenir de mundos muy diferentes, la joven ve tambalear su convicción de no volver a caer en las trampas del amor.
De Inglaterra a Virginia es una novela plena de heroísmo, humor y romance, que describe la vida en una plantación en Norteamérica, a fines del siglo XVIII.

¿Quieres que te presente los personajes principales?

Anne McLeod, la hija del barón: la bella Anne sufre una terrible decepción al descubrir a Lord Avegnale, su prometido, en la cama con otra mujer. En lugar de deprimirse por la pérdida de su gran amor, la joven se monta en un barco con dirección a América y asume el control de un rancho tabacalero en donde los problemas abundan. Este movimiento habla de su carácter: decidida, inteligente e incansable, la veremos recorriendo la plantación en su caballo y logrando maravillosos avances gracias a su férrea voluntad.
Harrison Bradley, el vaquero y criador de caballos: perdona que no pueda ser muy objetiva en la descripción del protagonista masculino, pero estoy enamorada de Harry; no sólo es guapísimo, sino también valiente, sensible y capaz de hacer cualquier cosa por amor. Su desparpajo y buen humor enamorarían a cualquier dama, incluyendo a Anne, por supuesto.

El romance y la pasión (que tanto nos gusta):

Suspirarás. Te lo prometo. El amor entre ambos brota incontrolable a pesar de las diferencias de los protagonistas (y reticencias iniciales) y se alimenta de la pasión incontenible que sienten uno por el otro.

A continuación comparto contigo un fragmento de la novela; la escena en donde ambos personajes se conocen:

****

Encantada por la frescura del agua en torno a su piel, Anne nadó con firmes brazadas hasta la orilla en donde había dejado su ropa. Se sumergió en el tramo final y buceó hasta tocar con la punta de los dedos las rocas de la orilla. Sin embargo, al emerger no encontró lo que buscaba. Sus prendas habían desaparecido y en su lugar había unos pies calzados en un par de botas enlodadas.
Sobresaltada, se acurrucó junto a los juncos de la orilla y hundió la cabeza en el agua hasta quedar casi completamente sumergida; quien estuviese allí la había mirado nadar todo ese tiempo.
La joven juntó valor. Sabía que lo peor que podría hacer era mostrarse como una mujer ingenua y atemorizada. Reuniendo todo el ánimo que pudo, levantó la mirada hasta dar con el rostro de la persona que sostenía el atado de su ropa bajo el brazo.
Le sorprendió ver al hombre más apuesto que jamás había conocido. Aunque sus rasgos no eran delicados como los de los caballeros ingleses, había algo interesante en la insolencia de sus ojos azules y su firme mentón. Sus cabellos casi blancos, descoloridos por el sol, escapaban desordenadamente por debajo de un sombrero de fieltro. Vestía pantalones desgastados y una camisa arrugada, pero aparentemente limpia. Encima llevaba un chaleco de cuero, que resaltaba sus anchas espaldas y brazos musculosos. La joven se sobresaltó al atisbar las fundas de cuero de sendas pistolas descansando a cada lado de la cadera del hombre. En Inglaterra la gente no solía andar por la calle exhibiendo sus armas, pensó. Norteamérica era, evidentemente, una tierra mucho menos civilizada en ese sentido. La media sonrisa en el rostro del desconocido permitía vislumbrar unos dientes muy blancos que mascaban con indiferencia una brizna de hierba.
—Buenos días señorita —la saludó, con inconfundible acento americano—. Creo que se le ha perdido algo.
Anne rebuscó lo que le quedaba de dignidad y, muy seria, miró fijamente a su interlocutor a los ojos.
—Le ruego que tenga la bondad de devolverme mis cosas, caballero —reclamó.
—Inglesa ¿eh? —adivinó él—. ¿Llegó nadando? —el recién llegado rió de su propia broma.
Aún con lo guapo que era el sujeto, a Anne le cayó mal de inmediato.
—Soy inglesa, así es. Y, por lo visto, en mi país los hombres son más caballerosos que aquí y no les roban ni espían a las mujeres —dijo ella con severidad.
—Y en mi país las mujeres no se bañan desnudas en público, señorita —señaló él, mientras se enderezaba el sombrero con el dedo índice.
A Anne se le había acabado la paciencia. Ese individuo era terriblemente irritante.
—Le exijo que deje mi ropa en donde estaba o…
—¿O? —preguntó él, divertido—, ¿o me perseguirá desnuda por el bosque hasta quitármela?
Eso era demasiado. Aún sumergida hasta el cuello, Anne tomó una piedra que estaba a su alcance y la levantó en el aire. El desconocido comenzó a desternillarse de risa.
—Espero que tenga muy buena puntería señorita, quizás si me da justo en la coronilla pueda desmayarme con el golpe —bromeó él.
—Qué hombre… descarado y sin modales ¡deje mis cosas ahora mismo! —gritó, perdiendo por completo la compostura.
Anne comenzaba a desesperarse. El detestable sujeto se reía de su desgracia mientras la estudiaba con descaro. Ella sentía la camisa pegada a sus hombros y sabía que el color de su piel se estaría trasluciendo. Él, lejos de apartar la mirada para darle intimidad, la observaba fijamente.
—Le propongo algo señorita: le devolveré su ropa si usted viene hasta aquí a buscarla —propuso, dando un paso atrás.
Anne no podía creer lo que escuchaba. ¡Él quería que ella se paseara con la camisa empapada delante de él!
—¡Sinvergüenza, mal… mal educado! Prefiero quedarme aquí hasta que anochezca, antes que hacer lo que me pide ¡váyase! ¡Y llévese la ropa si así lo desea! —exclamó.
Luego se alejó nadando. Ahora comprendía que había cometido un terrible error al mostrarse casi desnuda en un lugar desconocido. Se sentía asustada e indefensa, y no sabía qué haría si el hombre permanecía allí. «Los norteamericanos son gente grosera e insoportable», pensó.

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Acerca de Yo Leo Erotika

Lectora empedernida de erótica y romántica; cinéfila y melómana; rockera y caótica; me encanta la ópera y el teatro, mucho más el clásico que el actual.
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